El grupo ultra del Deportivo dejó su sector vacío durante el partido contra el Real Madrid como medida de protesta contra las condiciones impuestas por la directiva en la Marathon Inferior, a las que acusan de discriminatorias.
La tarde del Trofeo Teresa Herrera fue testigo de una de las acciones más visibles de descontento de la afición coruñesa con su propia directiva. Riazor Blues, el colectivo que anima la Marathon Inferior, decidió no ocupar su espacio de costumbre como acto de protesta silencioso pero contundente. La grada quedó vacía donde normalmente se despliega el ambiente más intenso del estadio de Riazor, transformando la ausencia en mensaje directo hacia la cúpula del club.
Se trata de una forma de resistencia cada vez más frecuente en la cultura ultra española: el boicot silencioso a través de la ausencia. A diferencia de otros gestos más ruidosos o visibles, dejar la zona de animación desierta golpea donde duele, especialmente en un partido de envergadura como un amistoso ante el Real Madrid. El vacío en la grada es un recordatorio incómodo de que sin la afición movilizada, hasta los encuentros de mayor brillo pierden parte de su esencia.
El vacío en la grada es un recordatorio incómodo de que sin la afición movilizada, hasta los grandes encuentros pierden esencia
Condiciones cuestionadas en Marathon Inferior
Las causas del distanciamiento tienen nombre concreto: las políticas que el Deportivo ha impuesto para la ocupación y uso de la Marathon Inferior. Según denuncia el colectivo, estas medidas resultan discriminatorias y abusivas, limitando de formas que consideran injustas la capacidad de la afición para expresarse y disfrutar del fútbol desde su espacio tradicional. No es la primera vez que los ultras españoles chocan frontalmente con directivas que pretenden normalizar y controlar cada aspecto de la experiencia en el estadio.
El boicot como herramienta de presión
Este tipo de acciones ponen de relieve una realidad incómoda para los clubes: la afición organizada sigue siendo un poder que no pueden ignorar completamente. Aunque la protesta fue silenciosa, su impacto visual fue absoluto. El Deportivo, a través del mensaje incluido en la convocatoria de Riazor Blues, aún estaba a tiempo de rectificar. La bola quedaba en el tejado de la directiva, y la pregunta implícita era clara: ¿será capaz el club de escuchar antes de que el distanciamiento se haga permanente?
Una grieta que preocupa
Cuando grupos con el arraigo de Riazor Blues optan por esta clase de acciones, algo ha fallado en la relación entre institución y afición. No se trata solo de un partido, sino de un síntoma de una tensión más profunda sobre quién manda en las gradas y bajo qué condiciones. La ausencia en la Marathon Inferior fue tan elocuente como cualquier tifo o pancarta.
Fuente: Ultras Present


